Los océanos gritan SOS

El pasado 8 de junio celebrábamos el Día Mundial de los Océanos, un día declarado por la UNESCO para poner en valor la importancia de los mares en nuestras vidas y preservarlos de la contaminación. Los océanos cubren más del 71 por ciento del planeta. Las estimaciones son que entre el 50 y el 80% de toda la vida en la tierra se encuentra debajo de la superficie del océano. Los datos dejan en clara minoría a los seres vivos que habitamos la tierra firme.

Este hecho, sin embargo, entra en contradicción con una de las funciones principales de los océanos. Paradojas de la vida: Las personas contaminamos sus aguas mientras que ellos absorben aproximadamente el 25% del CO2 añadido a la atmósfera por las actividades humanas. El resultado es que los océanos reducen gran parte del impacto de este gas de efecto invernadero en el clima.

Los efectos de la contaminación

La contaminación procede de distintas acciones humanas. La escorrentía agrícola, la descarga de nutrientes y plaguicidas y las aguas residuales no tratadas, además de los plásticos suponen el 80% de la contaminación marina global. Todo ellos supone una amenaza grave para el estado actual de muchos ecosistemas que, en algunos casos, acaban desapareciendo.

La basura suele acumularse en parches flotantes en el mar. Los plásticos, uno de los grandes enemigos de la fauna, flotan en los océanos liberando contaminantes a medida que se descomponen. Se estima que 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros mares. Y acaban convirtiéndose en micro-partículas que los animales confunden con alimentos. Muchos peces y aves se ahogan por su causa, enferman o mueren enredados en ellos. Otros de los daños colaterales provocados por el hombre son el agotamiento de los recursos pesqueros y la pérdida de hábitats costeros.

La previsión es que en 2050, las cifras de contaminación se habrán multiplicado por cuatro. Lo que nos mueve a tomar conciencia del peligro que esto supone y de tomar medidas. Nuestra meta ha de ser cumplir el objetivo 14 de desarrollo sostenible de la ONU. Lo que implica conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos.

Celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente

Esta semana estamos de celebración. Festejamos nada menos que el Día Mundial del Medio Ambiente. Un día que se ha instaurado como la cita anual más relevante para promover acciones en favor de la naturaleza. Fueron las Naciones Unidas las que desde 1974 asignaron el 5 de junio como fecha conmemorativa. Y desde entonces no se ha dejado de trabajar para concienciar a la opinión pública de la importancia que tiene el medio ambiente en la vida de todos.

Cada 5 de junio tenemos la excusa perfecta para, al menos, cuestionar cómo estamos tratando a nuestro planeta y cuál es nuestra responsabilidad respecto a la conservación y mejora del mismo. Este año el lema es “Conectar a las personas con la naturaleza”, un tema que nos anima a preguntarnos en qué medida formamos parte de la naturaleza y como nos relacionamos y dependemos de ella. Una breve frase con un trasfondo de gran calado social.

Un día, un mensaje

En este sentido, nos parece importante destacar que el Día Mundial del Medio Ambiente no debería ser un mero día de divulgación de buenas intenciones. Hay acciones concretas que están al alcance de nuestras manos. El propio, Antonio Gutérres, Secretario General de la ONU, ha lanzado un mensaje muy explícito: Sin un medio saludable, no podremos acabar con la pobreza ni fomentar la prosperidad. Todos tenemos una función en la protección de nuestro único hogar: Podemos utilizar menos plástico, manejar menos, desperdiciar menos alimentos y enseñarnos unos a otros a cuidarlo. 

Actualmente, miles de millones de habitantes de zonas rurales en todo el mundo pasan su jornada diaria «en conexión con la naturaleza» lo que les hace plenamente conscientes de su dependencia hacia ella (el suministro de agua o la fertilidad del suelo son vitales en su día a día). Por otro lado, son ellos los que sufren primero las amenazas a los ecosistemas (como la contaminación, el cambio climático o la sobreexplotación).

Es difícil cuantificar el valor monetario de los dones de la naturaleza. Lo que ocurre normalmente es que no se aprecian hasta que se pierden o se vuelven escasos, como es el caso del aire limpio. Los economistas se afanan en buscar maneras de medir el valor de  los servicios de los ecosistemas. Al margen de poner en valor las cifras, los beneficios son -claramente- obvios.

Por el compromiso global contra el cambio climático

Este año Canadá es el país anfitrión, justo el vecino de EEUU, un país no ajeno a la controversia en estas lides. La última decisión de su presidente, Donald Trump, de retirarse del acuerdo de París sobre cambio climático le ha puesto en el ojo de mira de las Naciones Unidas. Este organismo considera que esta determinación del gobierno norteamericano no puede impedir la celebración en todo el mundo, sino más bien al contrario.

En un escenario cada vez más complejo se hacen necesarias las acciones globales en defensa del medio ambiente. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible ha contribuido a esto último. En ella se declara la decisión para “garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”. Concretamente son los objetivos 14 y 15 los que se centran en la conservación de los ecosistemas marinos y terrestres, así como en el uso sostenible de estos recursos.

 

La energía eólica, la renovable más rentable

La energía eólica es la renovable con más proyección en nuestro país. Está considerada como la más desarrollada y madura y la segunda en nivel de producción. Se ha convertido en la gran impulsora de I+D y es una importante fuente de ingresos del Estado. Por todas estas razones y porque la electricidad que genera es “verde”, consideramos que tiene un potencial extraordinario para un futuro más limpio.

Lo cierto es que la energía eólica tiene un papel protagonista desde tiempos remotos. Muchas civilizaciones la emplearon como fuerza motriz para sus molinos o barcos a vela. A principios del S. XX se conciben los aerogeneradores, que aprovechan esta fuente de energía renovable para generar electricidad. A partir de ese momento se multiplicaron los postes de grandes dimensiones con una hélice central. Y se diseminaron por los campos de nuestro país y, también, sobre el agua.

El mecanismo de funcionamiento es sencillo. Las hélices se mueven en función de la velocidad del viento. Mediante un sistema de tipo mecánico gira el rotor de un generador que es el que produce la energía eléctrica. Los campos eólicos suelen establecerse en las zonas en las que hay más viento para que se aproveche de manera más eficiente. La pretensión, además, es que el impacto ambiental sea el menor posible.

Datos favorables

Con el aumento de la potencia instalada de 38 MW, esta fuente de energía inagotable se ha convertido en la segunda fuente de generación eléctrica en España en 2016. Lo que sitúa a España en el quinto lugar mundial en términos de potencia eólica instalada. Estaríamos después de China, Estados Unidos, Alemania e India. La contribución de la energía eólica al PIB es del 0.25%, los que representa unos 2.700 millones de euros.

Los datos resultantes de su explotación son más que óptimos, si tenemos en cuenta que esta industria exporta tecnología por valor de 2.900 millones de euros al año. Se estima que la inversión en I + D para innovar y desarrollar estas tecnologías es de unos 85.5 millones de € cada año. La conclusión sería que, además de que las cuentas económicas salen favorables , su empleo preserva el medio ambiente, lo que supone un valor añadido.

 

 

El jardín vertical más grande del mundo

En las ciudades de este primer mundo globalizado es difícil que la vegetación forme parte del hábitat común. La casa, el trabajo, los espacios públicos carecen, en buena medida, de suelo y tierra para plantar. Los jardines verticales son una solución para adaptar la naturaleza viva a los espacios artificiales donde vivimos. El edificio Santalaia de Colombia es una prueba de ello convirtiéndose en el jardín vertical más grande del mundo.

Lo cierto es que el edificio Santalaia de Bogotá es una verdadera obra maestra, tanto desde el punto de vista arquitectónico como medioambiental. Es un espectacular jardín vertical cuyo techo y paredes exteriores son verdes, una alternativa sostenible para que las ciudades sean menos grises. Se terminó a principios de 2016 y, hasta la fecha, es el jardín vertical más grande del mundo. Todo el que lo ve coincide en que es una obra de gran impacto visual y ambiental.

Diseño y biodiversidad en uno

Ha sido diseñado y construido por la firma Exacta Proyecto Total. Fueron ellos quienes construyeron el jardín con Groncol, utilizando la tecnología de la empresa española Paisajismo Urbano. Solo han tardado ocho meses en levantar este coloso de más de 3.100 metros cuadrados. Su cobertura vegetal está compuesta por cerca de 115.000 plantas de diez especies y cinco familias diferentes. Lo que le convierte en un edificio vivo con capas uniformes de plantas tanto en color como en volumen.

Uno de los retos ha sido el sistema de riego. Conseguido gracias a los 42 sectores que se regulan automáticamente con la humedad y la radiación solar. En el proceso tiene vital importancia una planta de tratamiento de agua que recicla la que sobra del riego, el agua de la lluvia y las aguas grises del edificio. Si a esto le añadimos que la vegetación exterior del muro es capaz de producir el oxígeno necesario anual de 3000 personas y eliminar 2000 toneladas de gases nocivos al año, el resultado es más que óptimo.

 

 

 

 

El valor mediambiental, factor determinante en la elección de vacaciones

Ahora que tenemos la Semana Santa a la vuelta de la esquina es hora de ir pensando en vacaciones. Cuando nos planteamos salir unos días de la rutina ¿en qué pensamos? ¿qué es lo que realmente nos impulsa a decidirnos por un destino y no otro? Influyen muchos factores personales, por supuesto, pero -parece- que el valor medioambiental también importa. Al menos, es lo que se desprende de un estudio del barómetro Flash 432 sobre Turismo de la Unión Europea.

Como sabéis, estamos celebrando el Año Internacional del Turismo Sostenible. Y lo cierto es que el resultado de dicho análisis arroja unos resultados, en este sentido, muy optimistas. Si analizamos las inclinaciones de los españoles, constatamos que el 23 por ciento tenemos en cuenta el valor ambiental de un destino a la hora de elegirlo como lugar de vacaciones.

Para los europeos, la naturaleza es la tercera causa por la que visitan un lugar. En primera instancia, prima la combinación sol y playa y, después, las visitas a la familia y amigos. Concretamente, el 31 por ciento de los ciudadanos de la UE tienen presentes los valores naturales del destino a la hora de tomar una decisión para sus días de asueto. Y van más allá. Si deciden volver, para el 45% de ellos, las características naturales son determinantes.

La ornitología al alza

Nuestro país tiene una privilegiada situación geográfica además de una amplia diversidad de hábitats. Contamos desde zonas áridas como Almería hasta los bosques atlánticos de la cornisa cantábrica. Según la organización conservacionista SEO/BirdLife, los turistas aficionados a la observación de aves tienen muchos escenarios para la práctica de esta actividad. Doñana, Monfragüe, el Delta del Ebro, las Tablas de Daimiel o L’Albufera de Valencia son zonas más que conocidas internacionalmente entre los llamados “birdwatchers”.

España se convierte así en un destino ornitológico sostenible. Un potencial que genera riqueza, empleo verde y desarrollo rural. Dicha ONG pone a disposición del público las diez reservas ornitológicas que gestiona en el territorio nacional, como Los Albardales (Madrid), la laguna de El Oso (Ávila) o Palacios de Compludo (León). Unos espacios que “alojan hábitats y biodiversidad muy representativos, dan cobijo a auténticas joyas para los pajareros y contribuyen a completar la Red Natura 2000 a lo largo y ancho del territorio”.

 

El cambio climático reducirá nuestros bosques

Que el cambio climático es un problema grave es una obviedad. Y que las oscilaciones del clima de nuestro planeta han existido siempre, también lo es. La diferencia sustancial son las causas de este fenómeno. Hasta hace no mucho eran son solo los procesos naturales los responsables. Lo bueno era que se autoregulaban. En el último siglo, la acción del hombre ha provocado que los parámetros climáticos hayan variado a un ritmo más que vertiginoso.  Lo explicamos.

Lo que conocemos como “efecto de invernadero” es un proceso en el que la radiación térmica emitida por la superficie planetaria es absorbida por los gases de efecto invernadero atmosférico. No todos los gases son nocivos, pero, otros lo son y mucho. Por ejemplo, el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Estos son liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles. Lo que pone en evidencia que los modelos de producción y de consumo energético de los países desarrollados son los principales artífices de que la concentración de gases haya aumentado un 30% desde el siglo pasado.

Resultados preocupantes

El aumento de las temperaturas y la mayor duración e intensidad de las sequías supondrá una reducción en el crecimiento de los bosques de nuestro país. Así se desprende de una investigación llevada a cabo por instituciones de la talla del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) de Huesca, la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, la Complutense de Madrid, la de Columbia en Estados Unidos y el Instituto Federal Suizo de Investigaciones sobre el Bosque, la Nieve y el Paisaje.

En el estudio se han analizado más de 4.000 árboles de 110 bosques del Pirineo y el Sistema Ibérico. Los investigadores han usado un modelo matemático que estima cómo cambiará la anchura de los anillos de crecimiento de los árboles, en función del clima. Se han contemplado distintos escenarios de emisión de gases de efecto invernadero. Y, finalmente, han evaluado la vulnerabilidad de los bosques en función de las diferentes posibilidades climáticas.

Los resultados obtenidos arrojan conclusiones muy graves. El escenario de mayor emisión de gases invernadero se sitúa en los bosques situados más al sur, ubicados en zonas más secas. Son principalmente bosques de especies como el pino albar y el abeto. Estos serán los más vulnerables. Su crecimiento se verá mermado desde un 11 hasta un 16% menos, a partir del año 2050. Una fecha que está a la vuelta de la esquina.

 

Día Mundial de la Educación Ambiental

El pasado jueves 26 de enero se celebró el Día Mundial de la educación ambiental. Que exista este día es significativo o no, según se entienda. Lo idóneo sería que no fuese necesaria fomentar la educación ambiental. Si fuese así, se explicaría porque todos la habríamos interiorizado y la llevaríamos a la práctica de manera natural y casi innata. Desde el otro punto de vista, se puede entender como un paso más en las labores de concienciación medioambiental. Unas acciones que llevan a cabo los gobiernos y otras entidades para la protección y conservación del planeta.

El caso es que el Día Mundial de la Educación Ambiental existe desde la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo en 1972. Hace la friolera de cuarenta y cinco años se debatió sobre la necesidad de poner en común unos principios cuya pretensión fuera salvaguardar el medioambiente. Un bien de todos y para todos. Unos principios que sirvieran de inspiración a la sociedad y de guía para el mantenimiento del entorno. Las conferencias posteriores: Belgrado, 1975; Tbilisi, 1977; Río de Janeiro, 1992 Cumbre de la Tierra; Guadalajara 1997, II Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, dejarían patente la importancia de este iniciativa.

Los objetivos de la educación ambiental parten de la toma de conciencia de aceptar que tenemos un medioambiente que cuidar y respetar. Se trata de ser más sensibles a los problemas -ocasionados por causa del hombre- en nuestro planeta. Y, en consecuencia, asumir responsabilidades. Para poder cambiar actitudes y aptitudes. Si conseguimos llegar a este punto estaremos en condiciones de hacer análisis críticos.  Y por ende, podremos tomar decisiones conjuntas solidarias y participativas. La meta es la búsqueda de soluciones para un futuro, que es de todos.

Poner en valor la información

Por eso es importante poner en valor el conocimiento y la información medioambiental. Debemos educar generaciones de personas concienciadas con la protección del ecosistema. Que desarrollen nuevos patrones de comportamiento comprometidos con los recursos naturales. Que respeten la diversidad y sean éticamente conscientes de lo que esto supone. Que adquieran hábitos cuidadosos con lo que les rodea. Que sepan discernir las causas que alteran el medio ambiente. Y que reconozcan la importancia del impacto que ciertas políticas o conductas pueden generar en el planeta.

Podemos decir que hoy sigue vigente el principio 19 de la Conferencia de Estocolmo de 1972: Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio en toda su dimensión humana. Es también esencial que los medios de comunicación de masas eviten contribuir al deterioro del medio humano y difundan, por el contrario, información de carácter educativo sobre la necesidad de protegerlo y mejorarlo, a fin de que el hombre pueda desarrollarse en todos los aspectos. 

Para más información sobre el tema, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado unas Lecturas imprescindibles.

 

 

 

 

La fauna de Madrid Río se ha multiplicado

Mucho se habló en los medios de comunicación -el pasado mes de mayo- sobre la conveniencia o no de abrir las esclusas del río Manzanares. Parece que la decisión del sí ha dado sus frutos. La fauna de Madrid Río se ha multiplicado. Tortugas, garcetas, cormoranes, martinetes, barbos, gaviota reidora, agachadiza, ánade real macho y gallineta son solo algunos de los animales que han regresado a la ciudad desde que el proceso de renaturalización se pusiera en marcha.

Que el agua circule libremente sin el freno de las esclusas que venían funcionando desde mediados del S. XX ha propiciado la vuelta de muchas especies a la ciudad. Por ejemplo, las aves que sobrevolaban el río han ido reapareciendo en las isletas que se han formado al bajar el caudal del agua. Lo mismo ha ocurrido con la vegetación que ha crecido por la misma causa.

Más especies de aves

Llama la atención la nueva presencia de garzas. A estas aves les gusta andar por la ribera e ir pescando. Un modus operandi que antes se hacía imposible porque el agua estaba canalizada entre las presas. Es muy probable que la próxima primavera puedan anidar en la ciudad. Parece que las condiciones actuales lo permiten, son muy abundantes y lo tienen fácil para alimentarse.

Han proliferado los ánades reales -un pato autóctono que está presente todo el año- la gallineta, la garceta común y la garza real. Además de pájaros más pequeños como el ruiseñor bastardo y la lavandera blanca. Por su parte, la colonia del cormorán grande, también está creciendo aunque sólo puede verse en invierno. Al igual que la cigüeña blanca. Y hasta tres tipos de gaviotas se han registrado: reidora, patiamarilla y sombría. El martín pescador, una ave muy llamativa pero muy difícil de observar por la velocidad de su vuelo, también ha sido descubierto. Como las abubillas, una especie que no es habitual en los ríos.

Y más peces y reptiles

Una de las razones de este aumento de aves, según ha explicado Santiago Martín Barajas -de Ecologistas en Acción- al diario El Mundo, es que los peces pequeños también han criado (barbos, alburno, pez gato, gambusia, etc). Lo mismo ha ocurrido con los reptiles. Si antes se les veía ocasionalmente ahora es frecuente ver galápagos leprosos (autóctonos) y galápagos de Florida (especie invasora), además de culebras de agua (que no son un peligro para la población).

Está previsto que el plan de renaturalización del Ayuntamiento continúe en el primer semestre de este año. Cesyt ha trabajado en la elaboración de la cartelería y comunicación de dicho plan. Nuestra misión ha sido informar a los paseantes y ciudadanos de las acciones acometidas en el río. La actuación planteada para los próximos seis meses abarca el tramo comprendido entre el Puente de los Franceses y el Puente del Rey. El objetivo del proyecto es quitar la parte superior de la escollera e instalar un emparrillado de maderas para plantar vegetación ¡Seguiremos informando! ¿Quieres saber más

Salvar la biodiversidad, un reto global

El pasado mes de diciembre se celebró en Cancún la décimotercera edición del convenio sobre Diversidad Biológica de la ONU. Una cita en la que se trataron los avances de la implementación de los compromisos adquiridos para preservar el planeta.  Se revisó el “Plan estratégico de la biodiversidad 2011-2020” y los objetivos Aichi sobre biodiversidad, acordados en 2010. Las conclusiones fueron bien claras: salvar la biodiversidad es un reto global en el que somos corresponsables junto con los cerca de doscientos países participantes.

Partimos de una situación no muy halagüeña. La ciencia sigue arrojando datos alarmantes del aumento de la tasa de extinción de especies en el planeta. Van desapareciendo más especies y a más velocidad. El último informe del Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF) asegura que más de la mitad de los vertebrados ha desaparecido en los últimos cuarenta años. Una razón más que imperiosa que nos obliga a tomar medidas urgentes.

Trabajar juntos por la biodiversidad

Podemos mirar hacia otro lado y no ser conscientes de las graves consecuencias. Si seguimos así, se estima que de aquí a tres años desaparecerán dos tercios de las especies del planeta. Para evitarlo, el CBD y WWF Internacional han llegado a un acuerdo para impulsar la sensibilización y, por ende, el cumplimiento de la meta 1 de Aichi. Se trabajará conjuntamente en la implementación de la Estrategia Global de Comunicación del CDB. Un acuerdo en el que todas las partes implicadas harán su contribución.

Los objetivos de la citada meta 1 de Aichi son buscar las causas subyacentes de la pérdida de diversidad biológica. Al mismo tiempo se deben encontrar apoyos gubernamentales y en la sociedad para combatir dicho fenómeno. En
la actualidad, la pérdida de biodiversidad y el calentamiento del planeta son los principales problemas ambientales a los que nos enfrentamos los habitantes de este mundo globalizado. Lo peor es que tras el análisis de la cuestión, los resultados son pesimistas: los países con mayores recursos son los menos vinculados con las Metas de Aichi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Costa Rica funciona con energías renovables

No es una utopía, es un hecho. Costa Rica funciona con energías renovables. Así lo han demostrado los datos del año que acaba de finalizar. Según cifras estatales costarricenses, durante 2016, el 98,1% del consumo eléctrico de dicho país procedía de fuentes de energías renovables. Esto es, en sí mismo, una buenísima noticia que demuestra con hechos empíricos que otro tipo de consumo es posible.

Este es el segundo año que Costa Rica consigue este récord. Durante 2015 la cifra ascendió al 99 por ciento ya que hubo trescientos días en los que toda la energía que se consumió se originó de fuentes limpias. Un logro, más que considerable, que ha sido perseguido por los dirigentes de este país centroamericano. Finalmente, los sueños se han convertido en realidad. El camino hacia un mundo más sostenible va dando pasos certeros.

Los factores del éxito

Los factores que han impulsado estos resultados son varios. El consumo de la electricidad per cápita de la nación es bajo. Si a eso le añadimos su clima la suma es más que óptima. A pesar de que durante 2015 el fenómeno de El Niño redujo las precipitaciones, los niveles de pluviosidad del país colocan a la energía hidroeléctrica como la principal fuente de energía renovable. Concretamente, alrededor del 75 por ciento de la electricidad utilizada anualmente. La energía solar y la eólica son la otra parte restante gracias, una vez más, a la localización geográfica de Costa Rica.

En España, por ejemplo, la pequeña isla de El Hierro, cuenta con un proyecto cuyo objetivo es que dicha isla sea 100% renovable. Esto es posible gracias al proyecto Gorona del Viento y a la Central Hidroeólica, inaugurada en junio de 2014. Fue en el mes de agosto de 2015 cuando alcanzó su récord. Durante 55 horas seguidas fue abastecida con fuentes limpias. Según el Cabildo, El Hierro ya es capaz de producir, de media, el 70% de la energía que se consume de forma cien por cien renovable. La isla disfruta de unas 3.500 horas de viento al año. Una cifra nada desdeñable.