Día Mundial del Suelo

Hoy 5 de diciembre celebramos el Día Mundial del Suelo. En el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) respaldó este día como un modo de incrementar la sensibilización de la importancia de cuidar y preservar el suelo a nivel mundial. Desde 2012 se vienen celebrando actos para celebrar este tema. El lema de la ONU de este año dice así: “el cuidado del planeta comienza por el suelo”.

La verdad es que no es para menos. Es un recurso crucial para la existencia de todos, un recurso que hace posible la vida sobre el planeta. Solo algunos datos relevantes a tener en cuenta: El suelo retiene el triple de carbono que la atmósfera lo que ayuda a luchar contra el cambio climático. Por otro lado, el 95% de los alimentos proviene de él y el 33% de los suelos del planeta están degradados.

Razones para cuidar del suelo

La FAO nos propone algunas buenas razones para cuidar de los suelos: Como hemos indicado más arriba, el 95% de los alimentos se produce en el suelo. Así que cuanto más cuidemos los suelos mejores serán las cosechas. Hay que tener en cuenta que es un recurso no renovable por lo que su preservación se hace necesaria para mantener la seguridad alimentaria.

Los suelos albergan la cuarta parte de la biodiversidad del planeta. Preservar la biodiversidad implica, pues, que nuestro planeta sea resiliente, adaptable y saludable. La agricultura orgánica, el pastoreo por rotación, la rotación de cultivos o la agricultura de conservación aumentarán de manera sostenible la productividad agrícola sin degradar ni el suelo ni el agua. Cuidarlos significa, también, mitigar las consecuencias del cambio climático. Ya que almacenan el carbono y disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Por otro lado, los suelos almacenan grandes cantidades de agua ayudando a los cultivos a afrontar las sequías. Además de ser claves para el suministro de agua limpia. Capturan, almacenan y filtran el agua lo que la hace segura para beber. Por último, tengamos en cuenta que de las bacterias del suelo se generan la mayoría de los antibióticos que conocemos. Así que su preservación es una cuestión de salud humana.

La influencia del cambio climático en las costas

Es verano y más de uno estará disfrutando de unas merecidas vacaciones cerca del mar. Porque es uno de los grandes atractivos naturales de nuestro país y porque el cambio climático es su espada de Damocles hoy os contamos en qué medida se verán afectadas las costas por este amenazador fenómeno. No nos gusta ser catastrofistas pero las previsiones no son muy optimistas, al menos, a medio plazo.

El deshielo es una consecuencia directa del calentamiento global, lo que supone el consiguiente aumento del nivel del mar de forma progresiva. Razón que conducirá a que desaparezcan muchas zonas costeras de todo el mundo, principalmente, islas. Se augura que numerosas ciudades sean engullidas por el mar en un plazo variable de tiempo. Que dependerá, fundamentalmente, de la cantidad de emisiones, entre otras variables.

Ciudades sumergidas

Si no controlamos la contaminación, los gases de efecto invernadero calentarán el planeta 4 grados en apenas unas décadas, acelerando el deshielo. Según un estudio de Climate Central titulado “Carbon, climate and rising seas our global legacy”, alcanzar esos 4 grados sumergiría las tierras donde hoy viven entre 470 y 760 millones de personas. Un dato nada despreciable. Otra cifra a tener en cuenta es que el 70 por ciento de la población mundial vive en zonas costeras. Pero también hay que decir que no todas las zonas se verán afectadas por igual. Las características geológicas, el tipo de ocupación de la costa y las construcciones son factores determinantes, en este sentido.

Las ciudades construidas bajo el nivel del mar son las que corren mayor riesgo. Es el caso de Tokio, Miami, Nueva York, Singapur, Venecia, Amsterdam o Rotterdam. Para Steven Nerem, científico aeroespacial especializado en el cambio climático, “ya es demasiado tarde” para algunas de las ciudades citadas. Venecia o la costa holandesa ya sufren las graves consecuencias de su localización. Según este experto, Nueva York podría llegar a ser inhabitable antes de finales de siglo.

Información obtenida de Ecología Verde. 

 

 

 

El cambio climático reducirá nuestros bosques

Que el cambio climático es un problema grave es una obviedad. Y que las oscilaciones del clima de nuestro planeta han existido siempre, también lo es. La diferencia sustancial son las causas de este fenómeno. Hasta hace no mucho eran son solo los procesos naturales los responsables. Lo bueno era que se autoregulaban. En el último siglo, la acción del hombre ha provocado que los parámetros climáticos hayan variado a un ritmo más que vertiginoso.  Lo explicamos.

Lo que conocemos como “efecto de invernadero” es un proceso en el que la radiación térmica emitida por la superficie planetaria es absorbida por los gases de efecto invernadero atmosférico. No todos los gases son nocivos, pero, otros lo son y mucho. Por ejemplo, el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Estos son liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles. Lo que pone en evidencia que los modelos de producción y de consumo energético de los países desarrollados son los principales artífices de que la concentración de gases haya aumentado un 30% desde el siglo pasado.

Resultados preocupantes

El aumento de las temperaturas y la mayor duración e intensidad de las sequías supondrá una reducción en el crecimiento de los bosques de nuestro país. Así se desprende de una investigación llevada a cabo por instituciones de la talla del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) de Huesca, la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, la Complutense de Madrid, la de Columbia en Estados Unidos y el Instituto Federal Suizo de Investigaciones sobre el Bosque, la Nieve y el Paisaje.

En el estudio se han analizado más de 4.000 árboles de 110 bosques del Pirineo y el Sistema Ibérico. Los investigadores han usado un modelo matemático que estima cómo cambiará la anchura de los anillos de crecimiento de los árboles, en función del clima. Se han contemplado distintos escenarios de emisión de gases de efecto invernadero. Y, finalmente, han evaluado la vulnerabilidad de los bosques en función de las diferentes posibilidades climáticas.

Los resultados obtenidos arrojan conclusiones muy graves. El escenario de mayor emisión de gases invernadero se sitúa en los bosques situados más al sur, ubicados en zonas más secas. Son principalmente bosques de especies como el pino albar y el abeto. Estos serán los más vulnerables. Su crecimiento se verá mermado desde un 11 hasta un 16% menos, a partir del año 2050. Una fecha que está a la vuelta de la esquina.

 

Soluciones ad hoc: infraestructuras verdes

Los ecosistemas, que se enriquecen con la diversidad de la vida que habita en ellos, propician bienes y servicios que muchas veces pasan desapercibidos. La fertilización del suelo, el almacenamiento de carbono o la purificación del agua son atributos inherentes a la naturaleza que sirven para frenar y controlar el cambio climático. Si, además de proteger estos procesos naturales, impulsamos las infraestructuras verdes el resultado será más que óptimo.

La búsqueda de soluciones humanas para sustituir lo que la naturaleza produce de manera altruista es una manera inteligente de explotar los recursos medioambientales. Se entiende por infraestructura verde la utilización de la vegetación, los suelos y los procesos naturales, entre otros, para la gestión óptima de los recursos y la obtención de ambientes urbanos más saludables. Y en esa línea se está trabajando desde algunos gobiernos, dentro y fuera de la Unión Europea.

Un caso concreto

Ponemos algún ejemplo. En algunas ciudades con sistemas de drenaje cloacal y pluvial combinados, las lluvias intensas, en ocasiones, sobrepasan las previsiones. Las consecuencias son pérdidas cuantiosas, no solo materiales, sino también, humanas y ambientales. Implantar infraestructuras verdes evitaría que el agua de la lluvia llegase al sistema de drenaje. El objetivo sería la absorción y almacenamiento del agua simulando las funciones propias de la naturaleza.

Para ello, habría que redirigir los canales tradicionales de recolección de aguas de lluvias hacia depósitos. El agua almacenada podría ser utilizada para regar jardines, por ejemplo. Otra solución para evitar la pérdida de agua sería la sustitución de los suelos tradicionales por pavimentos permeables. Y una alternativa más: los techos verdes. Que no es más que jardines y vegetación en techos y azoteas permitiendo la captación del agua además del aislamiento térmico del edificio.

Pero, la implementación de infraestructuras verdes va más allá del citado caso. Tiene aplicaciones en el sector agrícola, forestal, en los transportes, en la energía, en la ordenación del territorio… Para desarrollar una red de infraestructuras verdes se hace necesario el estudio y fomento de nuevas tecnologías por parte de las instituciones gubernamentales y de otro orden. Las ventajas ecológicas, económicas y sociales son más que notables. Aumentan las oportunidades de trabajo, existe una ventajosa relación coste- eficiencia y son rentables en el tiempo. Soluciones verdes que satisfacen a personas y medio ambiente ¿Se puede pedir más?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conama, un referente de sostenibilidad

Este año, como no podía ser de otra manera, Cesyt ha asistido a Conama, el Congreso Nacional del Medio Ambiente. Una cita que, después de trece años, sigue siendo primordial para los que pensamos en verde y queremos un futuro más eficiente para nuestra ciudad, país, continente y planeta. Hablar de Conama significa hablar de un foro abierto, plural y participativo. Conama es un referente de sostenibilidad.

Hace solo un año que la ONU adoptó la Agenda para el Desarrollo Sostenible y también se firmaron los acuerdos de París sobre el cambio climático. Es en esa dirección en la que deben remar los gobiernos de este mundo globalizado. Con acciones que promuevan oportunidades de generación de empleo y bienestar sostenibles y en defensa de la biodiversidad. En este sentido, Conama se ha convertido en la plataforma idónea para hacer partícipes a todos los agentes implicados, desde la Administración y las empresas, hasta los investigadores o emprendedores.

Conama: La respuesta es verde

Es difícil abordar su completo y amplio programa. A grandes rasgos, podríamos resumir los temas principales en la puesta en marcha de la economía circular, la biodiversidad y la mitigación y adaptación al cambio climático. Pasando por ejes no menos importantes como la protección de la naturaleza, la gestión de los residuos, el modelo de transición energética, la apuesta por la movilidad eléctrica, la renovación urbana, el desarrollo rural, el ciclo del agua, la bioeconomía o el aprovisionamiento sostenible en la industria agroalimentaria.

Hasta ahora han sido muchos los diagnósticos que se han realizado sobre investigaciones en torno al medio ambiente. Sin embargo, el salto cualitativo de esta última edición ha sido pasar de los datos a las acciones. De ahí que nos sentamos plenamente identificados con su lema: la respuesta es verde. Porque consideramos que ha llegado el momento de dar el salto y llevar a cabo iniciativas reales y comprometidas. Ya hemos dado el primer paso.