Los municipios más sostenibles de España

Ahora que estamos en pleno verano son muchos los que buscan un destino para descansar o disfrutar de la naturaleza. En cualquier caso, cada vez son más los que buscan un lugar que reúna ciertas condiciones de sostenibilidad, parece que ya no solo se elige “sol y playa”. Coincidiendo con que 2017 es el Año del Turismo Sostenible nos has parecido curioso desvelaros cuáles son los municipios menos contaminados de nuestro país.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el municipio de Campisábalos, en Guadalajara, encabeza la lista de localidades con el aire más limpio de Europa. En España, el resto de localidades menos contaminantes seleccionadas por el comparador de apartamentos vacacionales Hundredrooms, se reparten entre Canarias, Aragón, Baleares, Galicia, Cáceres, Valencia y País Vasco.

Destinos de interior y de costa

Siguiendo con la lista de la OMS, la localidad de El Pueyo de Araguás (en Aragón con 165 habitantes censados) es uno de los pueblos menos contaminados de nuestro continente. Por su parte, Menorca fue considerada en 2015 por Greenpeace como uno de los “puntos verdes” en su Radiografía social del medio ambiente en España. Santiago de Compostela, es otro de los lugares que encabeza esta lista. Le siguen el municipio de Telde, en Gran Canarias y el casco antiguo de Cáceres.

Según Hundredrooms, Tavernes de la Valldigna (el municipio valenciano de la Safor) es otro de los destinos de este top. Está en el ránking porque recibió en 2012 el Premio Conama a la Sostenibilidad, por sus iniciativas de movilidad, webs, talleres de educación y promoción de vehículos no motorizados. En el último puesto de esta la lista nos encontramos a la ciudad de San Sebastián (Guipúzcoa).

 

 

 

 

La influencia del cambio climático en las costas

Es verano y más de uno estará disfrutando de unas merecidas vacaciones cerca del mar. Porque es uno de los grandes atractivos naturales de nuestro país y porque el cambio climático es su espada de Damocles hoy os contamos en qué medida se verán afectadas las costas por este amenazador fenómeno. No nos gusta ser catastrofistas pero las previsiones no son muy optimistas, al menos, a medio plazo.

El deshielo es una consecuencia directa del calentamiento global, lo que supone el consiguiente aumento del nivel del mar de forma progresiva. Razón que conducirá a que desaparezcan muchas zonas costeras de todo el mundo, principalmente, islas. Se augura que numerosas ciudades sean engullidas por el mar en un plazo variable de tiempo. Que dependerá, fundamentalmente, de la cantidad de emisiones, entre otras variables.

Ciudades sumergidas

Si no controlamos la contaminación, los gases de efecto invernadero calentarán el planeta 4 grados en apenas unas décadas, acelerando el deshielo. Según un estudio de Climate Central titulado “Carbon, climate and rising seas our global legacy”, alcanzar esos 4 grados sumergiría las tierras donde hoy viven entre 470 y 760 millones de personas. Un dato nada despreciable. Otra cifra a tener en cuenta es que el 70 por ciento de la población mundial vive en zonas costeras. Pero también hay que decir que no todas las zonas se verán afectadas por igual. Las características geológicas, el tipo de ocupación de la costa y las construcciones son factores determinantes, en este sentido.

Las ciudades construidas bajo el nivel del mar son las que corren mayor riesgo. Es el caso de Tokio, Miami, Nueva York, Singapur, Venecia, Amsterdam o Rotterdam. Para Steven Nerem, científico aeroespacial especializado en el cambio climático, “ya es demasiado tarde” para algunas de las ciudades citadas. Venecia o la costa holandesa ya sufren las graves consecuencias de su localización. Según este experto, Nueva York podría llegar a ser inhabitable antes de finales de siglo.

Información obtenida de Ecología Verde. 

 

 

 

Los océanos gritan SOS

El pasado 8 de junio celebrábamos el Día Mundial de los Océanos, un día declarado por la UNESCO para poner en valor la importancia de los mares en nuestras vidas y preservarlos de la contaminación. Los océanos cubren más del 71 por ciento del planeta. Las estimaciones son que entre el 50 y el 80% de toda la vida en la tierra se encuentra debajo de la superficie del océano. Los datos dejan en clara minoría a los seres vivos que habitamos la tierra firme.

Este hecho, sin embargo, entra en contradicción con una de las funciones principales de los océanos. Paradojas de la vida: Las personas contaminamos sus aguas mientras que ellos absorben aproximadamente el 25% del CO2 añadido a la atmósfera por las actividades humanas. El resultado es que los océanos reducen gran parte del impacto de este gas de efecto invernadero en el clima.

Los efectos de la contaminación

La contaminación procede de distintas acciones humanas. La escorrentía agrícola, la descarga de nutrientes y plaguicidas y las aguas residuales no tratadas, además de los plásticos suponen el 80% de la contaminación marina global. Todo ellos supone una amenaza grave para el estado actual de muchos ecosistemas que, en algunos casos, acaban desapareciendo.

La basura suele acumularse en parches flotantes en el mar. Los plásticos, uno de los grandes enemigos de la fauna, flotan en los océanos liberando contaminantes a medida que se descomponen. Se estima que 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros mares. Y acaban convirtiéndose en micro-partículas que los animales confunden con alimentos. Muchos peces y aves se ahogan por su causa, enferman o mueren enredados en ellos. Otros de los daños colaterales provocados por el hombre son el agotamiento de los recursos pesqueros y la pérdida de hábitats costeros.

La previsión es que en 2050, las cifras de contaminación se habrán multiplicado por cuatro. Lo que nos mueve a tomar conciencia del peligro que esto supone y de tomar medidas. Nuestra meta ha de ser cumplir el objetivo 14 de desarrollo sostenible de la ONU. Lo que implica conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos.

Coches más ecológicos, ciudades menos contaminadas

Es una realidad que la contaminación es uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las grandes ciudades. Y los coches son algunos de los agentes que más contribuyen a ello. Concretamente, el 56% de las emisiones de dióxido de nitrógeno y el 65% de las emisiones de las partículas sólidas en suspensión son causadas directamente por los automóviles. Son datos de 2011 de Madrid Respira, plataforma que promueve el uso de gas natural en los vehículos. Dichas emisiones son, además, de las más peligrosas para la salud pública.

El desgaste de los frenos, las ruedas y el pavimento también contribuyen a aumentar la contaminación. Y cuanto más antiguos los coches, más contaminan. La mayoría del parque móvil español es diésel, el más contaminante en partículas y dióxido de nitrógeno. Estas cifras ponen de manifiesto la necesidad de que se tomen medidas transversales para atajar problemas tan serios.

Hacia la reconversión

La reconversión del parque automovilístico hacia vehículos propulsados con energías más ecológicas es la clave para mejorar el aire que respiramos en las grandes ciudades. El reto -ahora- es la concienciación de los consumidores y la implantación de dichas energías. El discurso que cobra fuerza se centra en la necesidad de una movilidad menos agresiva, el fomento del transporte público y el incentivo de uso de vehículos menos contaminantes propulsados por

Los Gobiernos europeos pretenden reducir los automóviles de combustibles fósiles y multiplicar los coches eléctricos y de gas.  Si bien es cierto que la industria automovilística está haciendo esfuerzos en reducir los gases contaminantes de los vehículos de gasolina y gasoil y que cada vez existen más modelos de híbridos; si palpamos la opinión pública de nuestro país, las expectativas a corto plazo no son muy generosas.

Estamos a años luz de otros países europeos. Por poner un ejemplo, en España hay matriculados 5.500 automóviles de gas, en Alemania más de 100.000 y en Italia hay más de un millón (cifras obtenidas del diario El País). La falta de puntos de recarga es uno de los grandes handicap que se encuentran los consumidores. Y las ayudas de los gobiernos para dar el salto a las energías ecológicas parecen insuficientes. El primer paso, una vez más, ha de ser el fomento de la responsabilidad colectiva de los ciudadanos para que, entre todos, contribuyamos a disminuir la polución ambiental.

 

 

Los beneficios de los árboles urbanos

La rápida extensión de las ciudades, en ocasiones, tiene efectos nocivos en el medio ambiente. En este sentido, la urbanización sin planificación estratégica de los recursos naturales sumado al cambio climático contribuyen a empeorar la calidad de vida. Hoy os hablamos de los beneficios de los árboles urbanos. De cómo pueden llegar a paliar las circunstancias descritas anteriormente y propiciar ciudades más sostenibles.

Es obvio decir que los árboles juegan un papel protagonista en el aumento de la biodiversidad ya que proporcionan a los animales y plantas un hábitat. Pero además de esto, son uno de los mejores filtros para frenar la contaminación. Su capacidad de generar oxígeno, por un lado, y de absorción de gases contaminantes (como el monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, ozono y óxidos de sulfuro) por otro, ralentiza el cambio climático.

Todo son ventajas

En esta cadena de bondades en contra del calentamiento global, los árboles también tienen la cualidad de bajar las temperaturas (de 2 a 8 grados celsius). Las personas cuyas viviendas tienen a su alrededor un parque ostentan el privilegio de respirar un aire más puro y fresco. Por ende, mejora su calidad de vida física y mental. Respecto a la energía, los árboles también contribuyen a la conservación de la misma (aire acondicionado y calefacción) al reducir las emisiones de carbono.

Otra de las funciones de los árboles es la regulación del flujo del agua. Cuyo efecto principal es evitar inundaciones u otros desastres naturales. Por otro lado, facilitan el drenaje de las aguas cuando llueve. Y de este modo favorecen el mantenimiento del paisaje al ser más eficientes los sistemas de alcantarillado. Podemos sumar aún más ventajas: dan alimentos (frutos, hojas y frutos secos) además de la madera que satisface otras necesidades.

Con todo ello, podemos resumir que los árboles aportan, siempre, beneficios. Y en los espacios urbanos, éstos son más notorios. De hecho, el valor de una propiedad aumenta considerablemente si tiene en sus proximidades estos seres vivos. Reducen el ruido, purifican el aire, añaden sensación de bienestar… ¿qué más se puede pedir? Son uno de los recursos ambientales que mejoran el paisaje urbano de las ciudades de hoy.