Hacia un planeta libre de contaminación

“Hacia un planeta libre de contaminación” es el resultado de la última Asamblea Ambiental de Naciones Unidas celebrada la pasada semana en Nairobi. Más de 200 países llegaron a un acuerdo para erradicar la contaminación plástica y atmosférica del mundo. Un compromiso que aboga por aunar esfuerzos para prevenir, mitigar y gestionar una contaminación que afecta a la salud de millones de personas de todo el planeta.

Entre las medidas barajadas por los ministros de medio ambiente se planteó la necesidad de tomar medidas adaptadas para cambiar la sociedad hacia modelos de vida más sostenibles. Basados, principalmente, en principios de economía circular. La idea es implantar soluciones que promuevan incentivos fiscales para secundar leyes que sean más estrictas con la contaminación.

Desafíos alentadores

Las promesas de la cumbre desprenden datos muy alentadores. Si se alcanzaran se conseguiría que cerca de 1500 millones más de personas respiraran aire puro. Un total de 480.000 kilómetros de costas del mundo estarían limpias. Y, por otro lado, se contaría con 18 millones de dólares para la investigación y el desarrollo de programas innovadores en contra de la contaminación.

En esta cumbre se trató con especial interés la contaminación plástica de los océanos. En la Asamblea también se aprobaron trece resoluciones no vinculantes. Relacionadas con medidas específicas sobre cuestiones como basura marina y microplásticos, contaminación del aire, envenenamiento por pintura y baterías y contaminación en áreas afectadas por el conflicto y el terrorismo.

 

Día Mundial del Suelo

Hoy 5 de diciembre celebramos el Día Mundial del Suelo. En el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) respaldó este día como un modo de incrementar la sensibilización de la importancia de cuidar y preservar el suelo a nivel mundial. Desde 2012 se vienen celebrando actos para celebrar este tema. El lema de la ONU de este año dice así: “el cuidado del planeta comienza por el suelo”.

La verdad es que no es para menos. Es un recurso crucial para la existencia de todos, un recurso que hace posible la vida sobre el planeta. Solo algunos datos relevantes a tener en cuenta: El suelo retiene el triple de carbono que la atmósfera lo que ayuda a luchar contra el cambio climático. Por otro lado, el 95% de los alimentos proviene de él y el 33% de los suelos del planeta están degradados.

Razones para cuidar del suelo

La FAO nos propone algunas buenas razones para cuidar de los suelos: Como hemos indicado más arriba, el 95% de los alimentos se produce en el suelo. Así que cuanto más cuidemos los suelos mejores serán las cosechas. Hay que tener en cuenta que es un recurso no renovable por lo que su preservación se hace necesaria para mantener la seguridad alimentaria.

Los suelos albergan la cuarta parte de la biodiversidad del planeta. Preservar la biodiversidad implica, pues, que nuestro planeta sea resiliente, adaptable y saludable. La agricultura orgánica, el pastoreo por rotación, la rotación de cultivos o la agricultura de conservación aumentarán de manera sostenible la productividad agrícola sin degradar ni el suelo ni el agua. Cuidarlos significa, también, mitigar las consecuencias del cambio climático. Ya que almacenan el carbono y disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Por otro lado, los suelos almacenan grandes cantidades de agua ayudando a los cultivos a afrontar las sequías. Además de ser claves para el suministro de agua limpia. Capturan, almacenan y filtran el agua lo que la hace segura para beber. Por último, tengamos en cuenta que de las bacterias del suelo se generan la mayoría de los antibióticos que conocemos. Así que su preservación es una cuestión de salud humana.

A mejor ciudad, mejor calidad de vida

El pasado 31 de octubre se celebraba el Día Mundial de las Ciudades. Y lo cierto es que es un tema recurrente en este mundo cada vez más globalizado. El lema de esta edición era “A mejor ciudad, mejor calidad de vida”. La ONU estableció este día para contribuir al desarrollo urbano sostenible de todo el mundo. Y es que, en este sentido, la urbanización planificada tiene como objetivo generar riqueza y fomentar la diversidad y cohesión social entre las diferentes culturas.

Ciudades abiertas

Los modelos urbanos tradicionales están pasados de moda. La Nueva Agenda Urbana contempla ciudades abiertas. Un concepto que entiende la ciudad como un sistema poroso con una mezcla de funciones y multitudes heterogéneas que comparten el mismo espacio. Los gobiernos locales han de trabajar en un desarrollo territorial y urbano integrado. Teniendo como ejes de actuación la cooperación metropolitana y la participación urbana.

El reto ahora es fomentar la colaboración entre países para aprovechar al máximo todas las oportunidades. Son muchas las ciudades que se encuentran con problemas como el crecimiento incontrolado. Lo que provoca barrios marginales, dificultad de acceso a viviendas dignas, contaminación del aire por la congestión vial, etc. La exclusión social y la inseguridad en muchos barrios es el resultado final.

Son muchas las partes interesadas en la consecución de un desarrollo sostenible. Por eso, la participación ciudadana es crucial. Las ciudades del futuro deben ser espacios públicos de encuentro y de construcción colectiva. La Agenda de Desarrollo 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible serán los ejes a seguir. Esperamos que nuestras ciudades sean resilientes al cambio.

 

Un turismo sostenible para contribuir al desarrollo

Hoy celebramos el Día Mundial del Turismo. Este año, más que nunca, apostamos por un turismo sostenible para contribuir al desarrollo.  Porque también celebramos el Año Internacional del Turismo Sostenible. Doble celebración con el mismo objetivo. Usar de manera óptica los recursos naturales respetando las comunidades y el medio ambiente asegurando que las actividades económicas sean viables a largo plazo y que los beneficios se distribuyan de manera equitativa entre los diferentes actores.

El turismo es un sector al alza. La causa de su crecimiento durante la segunda mitad del siglo XX y el siglo XXI se debe a varias razones. Las posibilidades de viajar han aumentado gracias a la aprobación -en muchos países- de los derechos laborales y del crecimiento de la clase media. El uso de las nuevas tecnologías y el abaratamiento del transporte, especialmente el aéreo, también ha multiplicado los viajes internacionales. Es un sector que ha ido creciendo -incluso- durante la crisis económica mundial, las catástrofes naturales y las pandemias.

Hacia un turismo bien gestionado

Por esta tendencia, podemos concluir que el turismo bien gestionado puede convertirse en una valiosa herramienta para paliar la pobreza, proteger el medio ambiente y mejorar la calidad de vida de muchos de los países en desarrollo. Entendemos, pues, que un turismo bien concebido puede contribuir al desarrollo sostenible en los aspectos económico, social y medioambiental. Consiguiendo, además mayor empleo digno y oportunidades comerciales.

Para conseguir dichas metas es necesario que todos los actores implicados en este sector asuman sus responsabilidades y actúen en consecuencia. Es de vital importancia concienciar de la riqueza del patrimonio de las diversas civilizaciones y apreciar los valores de todas las culturas del mundo. Solo sumando la diversidad de las culturas se puede fortalecer la paz internacional. Esta celebración nos brinda una nueva oportunidad para reafirmar nuestro compromiso con la sostenibilidad, uno de nuestros leit motiv.

 

 

 

 

 

Finaliza la Semana Mundial del Agua

El pasado domingo 3 de septiembre ha finalizado la Semana Mundial del Agua. Un evento que ha reunido en Estocolmo a los actores involucrados en la gestión del agua a nivel mundial. Han participado más de 370 organizaciones y 3200 participantes de un total de 133 países. Unas cifras que ponen de relieve la magnitud e importancia de esta iniciativa cuyo objetivo es buscar soluciones a los retos más acuciantes del agua.

El agua dulce proviene de los lagos, ríos, acuíferos y humedales. En total, solo el 2,5% de todo el agua es dulce. Y es necesaria para beber, para el aseo personal, para cultivar alimentos, para la manufactura y la industria y, obviamente, para conservar la biodiversidad. La mala calidad del agua amenaza la salud. Las enfermedades transmitidas por el agua como la diarrea son una de las principales causas de mortalidad, particularmente en niños. Todos los años 1.8 mil millones de personas están expuestas a agua potable contaminada.

Garantizar la disponibilidad del agua

Teniendo en cuenta estos datos, el principal leit motiv de la Semana Mundial del Agua es la comprensión y el reconocimiento de los diferentes valores asociados al agua como clave para un uso más eficiente. El agua es una necesidad a medida que más personas tienen que compartir el agua dulce limitada del mundo. Es un hecho que cada vez hay mayor demanda de agua dulce por parte de la población mundial. Si a eso le sumamos el cambio climático que está provocando sequías prolongadas e inundaciones devastadoras, el resultado es que los recurso hídricos comunes se ven mermados.

En este sentido, los objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU estuvieron presentes en esta Semana del Agua. Se insistió en la necesidad de acelerar el progreso del 6º Objetivo sobre agua limpia y saneamiento y sobre todos los objetivos de desarrollo sostenible relacionados con el agua: garantizar la disponibilidad y gestión sostenible de agua y saneamiento para todos.

Está en nuestras manos conseguir este objetivo. Las directrices planteadas pasan por abogar por una sólida gestión de los ecosistemas de agua dulce con la reducción del uso de plaguicidas y fertilizantes, apoyar a organizaciones que proporcionan de forma segura el saneamiento y agua potable, comprar productos locales que tengan en cuenta el factor ambiental y comer menos carne potenciando así la agricultura que es el mayor consumidor de fuentes de agua dulce.

La deforestación, un peligro in crescendo

Hace algunas semanas, celebrábamos el Día Mundial del Medio Ambiente, cuyo lema era “conectar a las personas con la naturaleza”. Los bosques son actores protagonistas de esa naturaleza con la que hemos de conectar. A ellos nos referimos hoy porque la deforestación es un peligro que, lamentablemente, va en progresión creciente. Y es que las cifras son alarmantes, parece que 14.000 hectáreas de árboles desaparecen cada día.

Los datos citados más arriba proceden del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Un programa entre cuyos objetivos está presentar el informe Bosques en una economía verde. En él se detallan los beneficios económicos, ambientales, sanitarios y sociales. Razón que justifica una inversión eficaz en la gestión y protección de estas forestas.

Y es que no somos del todo conscientes del bien que ejercen los bosques, en silencio. Más de una cuarta parte de la población mundial dependen directamente de esos beneficios. La mitad de las grandes ciudades obtienen el suministro de agua de estos mismos agentes. Si hablamos de los riesgos que evitan podemos citar las catástrofes naturales que frenan. Un ejemplo, el huracán Mitch segó la vida de miles de personas en 1998. Muchas de las personas que fueron sepultadas lo fueron por deslizamientos de tierras agravadas por la deforestación de las montañas.

Cifras alarmantes

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que la tasa de destrucción de los bosques de Amazonia, cuenca del Congo y sudeste asiático se redujo en un 25% en la primera década del siglo XXI. Hay que tener en cuenta que el conjunto de estos tres pulmones verdes representa el 80 por ciento de toda la vegetación arbórea del trópico.

Es justo decir que las mayores tasas de deforestación se producen en los bosques tropicales y que son estos los que alojan las más altas cotas de biodiversidad del planeta. Pero no podemos olvidarnos de la relevancia de los del Hemisferio Norte. La Federación Rusa tiene la mayor superficie del mundo, con 810 millones de hectáreas. España cuenta, por su parte, con 18 millones de hectáreas, ocupando el cuarto puesto en Europa, después de Rusia, Suecia y Finlandia. Nuestro país ostenta un grado y es que tiene una mayor diversidad de ecosistemas forestales.

Información extraída de El País. 

 

 

 

Los océanos gritan SOS

El pasado 8 de junio celebrábamos el Día Mundial de los Océanos, un día declarado por la UNESCO para poner en valor la importancia de los mares en nuestras vidas y preservarlos de la contaminación. Los océanos cubren más del 71 por ciento del planeta. Las estimaciones son que entre el 50 y el 80% de toda la vida en la tierra se encuentra debajo de la superficie del océano. Los datos dejan en clara minoría a los seres vivos que habitamos la tierra firme.

Este hecho, sin embargo, entra en contradicción con una de las funciones principales de los océanos. Paradojas de la vida: Las personas contaminamos sus aguas mientras que ellos absorben aproximadamente el 25% del CO2 añadido a la atmósfera por las actividades humanas. El resultado es que los océanos reducen gran parte del impacto de este gas de efecto invernadero en el clima.

Los efectos de la contaminación

La contaminación procede de distintas acciones humanas. La escorrentía agrícola, la descarga de nutrientes y plaguicidas y las aguas residuales no tratadas, además de los plásticos suponen el 80% de la contaminación marina global. Todo ellos supone una amenaza grave para el estado actual de muchos ecosistemas que, en algunos casos, acaban desapareciendo.

La basura suele acumularse en parches flotantes en el mar. Los plásticos, uno de los grandes enemigos de la fauna, flotan en los océanos liberando contaminantes a medida que se descomponen. Se estima que 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros mares. Y acaban convirtiéndose en micro-partículas que los animales confunden con alimentos. Muchos peces y aves se ahogan por su causa, enferman o mueren enredados en ellos. Otros de los daños colaterales provocados por el hombre son el agotamiento de los recursos pesqueros y la pérdida de hábitats costeros.

La previsión es que en 2050, las cifras de contaminación se habrán multiplicado por cuatro. Lo que nos mueve a tomar conciencia del peligro que esto supone y de tomar medidas. Nuestra meta ha de ser cumplir el objetivo 14 de desarrollo sostenible de la ONU. Lo que implica conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos.

Celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente

Esta semana estamos de celebración. Festejamos nada menos que el Día Mundial del Medio Ambiente. Un día que se ha instaurado como la cita anual más relevante para promover acciones en favor de la naturaleza. Fueron las Naciones Unidas las que desde 1974 asignaron el 5 de junio como fecha conmemorativa. Y desde entonces no se ha dejado de trabajar para concienciar a la opinión pública de la importancia que tiene el medio ambiente en la vida de todos.

Cada 5 de junio tenemos la excusa perfecta para, al menos, cuestionar cómo estamos tratando a nuestro planeta y cuál es nuestra responsabilidad respecto a la conservación y mejora del mismo. Este año el lema es “Conectar a las personas con la naturaleza”, un tema que nos anima a preguntarnos en qué medida formamos parte de la naturaleza y como nos relacionamos y dependemos de ella. Una breve frase con un trasfondo de gran calado social.

Un día, un mensaje

En este sentido, nos parece importante destacar que el Día Mundial del Medio Ambiente no debería ser un mero día de divulgación de buenas intenciones. Hay acciones concretas que están al alcance de nuestras manos. El propio, Antonio Gutérres, Secretario General de la ONU, ha lanzado un mensaje muy explícito: Sin un medio saludable, no podremos acabar con la pobreza ni fomentar la prosperidad. Todos tenemos una función en la protección de nuestro único hogar: Podemos utilizar menos plástico, manejar menos, desperdiciar menos alimentos y enseñarnos unos a otros a cuidarlo. 

Actualmente, miles de millones de habitantes de zonas rurales en todo el mundo pasan su jornada diaria «en conexión con la naturaleza» lo que les hace plenamente conscientes de su dependencia hacia ella (el suministro de agua o la fertilidad del suelo son vitales en su día a día). Por otro lado, son ellos los que sufren primero las amenazas a los ecosistemas (como la contaminación, el cambio climático o la sobreexplotación).

Es difícil cuantificar el valor monetario de los dones de la naturaleza. Lo que ocurre normalmente es que no se aprecian hasta que se pierden o se vuelven escasos, como es el caso del aire limpio. Los economistas se afanan en buscar maneras de medir el valor de  los servicios de los ecosistemas. Al margen de poner en valor las cifras, los beneficios son -claramente- obvios.

Por el compromiso global contra el cambio climático

Este año Canadá es el país anfitrión, justo el vecino de EEUU, un país no ajeno a la controversia en estas lides. La última decisión de su presidente, Donald Trump, de retirarse del acuerdo de París sobre cambio climático le ha puesto en el ojo de mira de las Naciones Unidas. Este organismo considera que esta determinación del gobierno norteamericano no puede impedir la celebración en todo el mundo, sino más bien al contrario.

En un escenario cada vez más complejo se hacen necesarias las acciones globales en defensa del medio ambiente. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible ha contribuido a esto último. En ella se declara la decisión para “garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”. Concretamente son los objetivos 14 y 15 los que se centran en la conservación de los ecosistemas marinos y terrestres, así como en el uso sostenible de estos recursos.

 

Salvar la biodiversidad, un reto global

El pasado mes de diciembre se celebró en Cancún la décimotercera edición del convenio sobre Diversidad Biológica de la ONU. Una cita en la que se trataron los avances de la implementación de los compromisos adquiridos para preservar el planeta.  Se revisó el “Plan estratégico de la biodiversidad 2011-2020” y los objetivos Aichi sobre biodiversidad, acordados en 2010. Las conclusiones fueron bien claras: salvar la biodiversidad es un reto global en el que somos corresponsables junto con los cerca de doscientos países participantes.

Partimos de una situación no muy halagüeña. La ciencia sigue arrojando datos alarmantes del aumento de la tasa de extinción de especies en el planeta. Van desapareciendo más especies y a más velocidad. El último informe del Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF) asegura que más de la mitad de los vertebrados ha desaparecido en los últimos cuarenta años. Una razón más que imperiosa que nos obliga a tomar medidas urgentes.

Trabajar juntos por la biodiversidad

Podemos mirar hacia otro lado y no ser conscientes de las graves consecuencias. Si seguimos así, se estima que de aquí a tres años desaparecerán dos tercios de las especies del planeta. Para evitarlo, el CBD y WWF Internacional han llegado a un acuerdo para impulsar la sensibilización y, por ende, el cumplimiento de la meta 1 de Aichi. Se trabajará conjuntamente en la implementación de la Estrategia Global de Comunicación del CDB. Un acuerdo en el que todas las partes implicadas harán su contribución.

Los objetivos de la citada meta 1 de Aichi son buscar las causas subyacentes de la pérdida de diversidad biológica. Al mismo tiempo se deben encontrar apoyos gubernamentales y en la sociedad para combatir dicho fenómeno. En
la actualidad, la pérdida de biodiversidad y el calentamiento del planeta son los principales problemas ambientales a los que nos enfrentamos los habitantes de este mundo globalizado. Lo peor es que tras el análisis de la cuestión, los resultados son pesimistas: los países con mayores recursos son los menos vinculados con las Metas de Aichi.