Hacia un planeta libre de contaminación

“Hacia un planeta libre de contaminación” es el resultado de la última Asamblea Ambiental de Naciones Unidas celebrada la pasada semana en Nairobi. Más de 200 países llegaron a un acuerdo para erradicar la contaminación plástica y atmosférica del mundo. Un compromiso que aboga por aunar esfuerzos para prevenir, mitigar y gestionar una contaminación que afecta a la salud de millones de personas de todo el planeta.

Entre las medidas barajadas por los ministros de medio ambiente se planteó la necesidad de tomar medidas adaptadas para cambiar la sociedad hacia modelos de vida más sostenibles. Basados, principalmente, en principios de economía circular. La idea es implantar soluciones que promuevan incentivos fiscales para secundar leyes que sean más estrictas con la contaminación.

Desafíos alentadores

Las promesas de la cumbre desprenden datos muy alentadores. Si se alcanzaran se conseguiría que cerca de 1500 millones más de personas respiraran aire puro. Un total de 480.000 kilómetros de costas del mundo estarían limpias. Y, por otro lado, se contaría con 18 millones de dólares para la investigación y el desarrollo de programas innovadores en contra de la contaminación.

En esta cumbre se trató con especial interés la contaminación plástica de los océanos. En la Asamblea también se aprobaron trece resoluciones no vinculantes. Relacionadas con medidas específicas sobre cuestiones como basura marina y microplásticos, contaminación del aire, envenenamiento por pintura y baterías y contaminación en áreas afectadas por el conflicto y el terrorismo.

 

El cambio climático reducirá nuestros bosques

Que el cambio climático es un problema grave es una obviedad. Y que las oscilaciones del clima de nuestro planeta han existido siempre, también lo es. La diferencia sustancial son las causas de este fenómeno. Hasta hace no mucho eran son solo los procesos naturales los responsables. Lo bueno era que se autoregulaban. En el último siglo, la acción del hombre ha provocado que los parámetros climáticos hayan variado a un ritmo más que vertiginoso.  Lo explicamos.

Lo que conocemos como “efecto de invernadero” es un proceso en el que la radiación térmica emitida por la superficie planetaria es absorbida por los gases de efecto invernadero atmosférico. No todos los gases son nocivos, pero, otros lo son y mucho. Por ejemplo, el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Estos son liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles. Lo que pone en evidencia que los modelos de producción y de consumo energético de los países desarrollados son los principales artífices de que la concentración de gases haya aumentado un 30% desde el siglo pasado.

Resultados preocupantes

El aumento de las temperaturas y la mayor duración e intensidad de las sequías supondrá una reducción en el crecimiento de los bosques de nuestro país. Así se desprende de una investigación llevada a cabo por instituciones de la talla del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) de Huesca, la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, la Complutense de Madrid, la de Columbia en Estados Unidos y el Instituto Federal Suizo de Investigaciones sobre el Bosque, la Nieve y el Paisaje.

En el estudio se han analizado más de 4.000 árboles de 110 bosques del Pirineo y el Sistema Ibérico. Los investigadores han usado un modelo matemático que estima cómo cambiará la anchura de los anillos de crecimiento de los árboles, en función del clima. Se han contemplado distintos escenarios de emisión de gases de efecto invernadero. Y, finalmente, han evaluado la vulnerabilidad de los bosques en función de las diferentes posibilidades climáticas.

Los resultados obtenidos arrojan conclusiones muy graves. El escenario de mayor emisión de gases invernadero se sitúa en los bosques situados más al sur, ubicados en zonas más secas. Son principalmente bosques de especies como el pino albar y el abeto. Estos serán los más vulnerables. Su crecimiento se verá mermado desde un 11 hasta un 16% menos, a partir del año 2050. Una fecha que está a la vuelta de la esquina.

 

Día Mundial de la Educación Ambiental

El pasado jueves 26 de enero se celebró el Día Mundial de la educación ambiental. Que exista este día es significativo o no, según se entienda. Lo idóneo sería que no fuese necesaria fomentar la educación ambiental. Si fuese así, se explicaría porque todos la habríamos interiorizado y la llevaríamos a la práctica de manera natural y casi innata. Desde el otro punto de vista, se puede entender como un paso más en las labores de concienciación medioambiental. Unas acciones que llevan a cabo los gobiernos y otras entidades para la protección y conservación del planeta.

El caso es que el Día Mundial de la Educación Ambiental existe desde la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo en 1972. Hace la friolera de cuarenta y cinco años se debatió sobre la necesidad de poner en común unos principios cuya pretensión fuera salvaguardar el medioambiente. Un bien de todos y para todos. Unos principios que sirvieran de inspiración a la sociedad y de guía para el mantenimiento del entorno. Las conferencias posteriores: Belgrado, 1975; Tbilisi, 1977; Río de Janeiro, 1992 Cumbre de la Tierra; Guadalajara 1997, II Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, dejarían patente la importancia de este iniciativa.

Los objetivos de la educación ambiental parten de la toma de conciencia de aceptar que tenemos un medioambiente que cuidar y respetar. Se trata de ser más sensibles a los problemas -ocasionados por causa del hombre- en nuestro planeta. Y, en consecuencia, asumir responsabilidades. Para poder cambiar actitudes y aptitudes. Si conseguimos llegar a este punto estaremos en condiciones de hacer análisis críticos.  Y por ende, podremos tomar decisiones conjuntas solidarias y participativas. La meta es la búsqueda de soluciones para un futuro, que es de todos.

Poner en valor la información

Por eso es importante poner en valor el conocimiento y la información medioambiental. Debemos educar generaciones de personas concienciadas con la protección del ecosistema. Que desarrollen nuevos patrones de comportamiento comprometidos con los recursos naturales. Que respeten la diversidad y sean éticamente conscientes de lo que esto supone. Que adquieran hábitos cuidadosos con lo que les rodea. Que sepan discernir las causas que alteran el medio ambiente. Y que reconozcan la importancia del impacto que ciertas políticas o conductas pueden generar en el planeta.

Podemos decir que hoy sigue vigente el principio 19 de la Conferencia de Estocolmo de 1972: Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio en toda su dimensión humana. Es también esencial que los medios de comunicación de masas eviten contribuir al deterioro del medio humano y difundan, por el contrario, información de carácter educativo sobre la necesidad de protegerlo y mejorarlo, a fin de que el hombre pueda desarrollarse en todos los aspectos. 

Para más información sobre el tema, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado unas Lecturas imprescindibles.