Hacia un planeta libre de contaminación

“Hacia un planeta libre de contaminación” es el resultado de la última Asamblea Ambiental de Naciones Unidas celebrada la pasada semana en Nairobi. Más de 200 países llegaron a un acuerdo para erradicar la contaminación plástica y atmosférica del mundo. Un compromiso que aboga por aunar esfuerzos para prevenir, mitigar y gestionar una contaminación que afecta a la salud de millones de personas de todo el planeta.

Entre las medidas barajadas por los ministros de medio ambiente se planteó la necesidad de tomar medidas adaptadas para cambiar la sociedad hacia modelos de vida más sostenibles. Basados, principalmente, en principios de economía circular. La idea es implantar soluciones que promuevan incentivos fiscales para secundar leyes que sean más estrictas con la contaminación.

Desafíos alentadores

Las promesas de la cumbre desprenden datos muy alentadores. Si se alcanzaran se conseguiría que cerca de 1500 millones más de personas respiraran aire puro. Un total de 480.000 kilómetros de costas del mundo estarían limpias. Y, por otro lado, se contaría con 18 millones de dólares para la investigación y el desarrollo de programas innovadores en contra de la contaminación.

En esta cumbre se trató con especial interés la contaminación plástica de los océanos. En la Asamblea también se aprobaron trece resoluciones no vinculantes. Relacionadas con medidas específicas sobre cuestiones como basura marina y microplásticos, contaminación del aire, envenenamiento por pintura y baterías y contaminación en áreas afectadas por el conflicto y el terrorismo.

 

Los océanos gritan SOS

El pasado 8 de junio celebrábamos el Día Mundial de los Océanos, un día declarado por la UNESCO para poner en valor la importancia de los mares en nuestras vidas y preservarlos de la contaminación. Los océanos cubren más del 71 por ciento del planeta. Las estimaciones son que entre el 50 y el 80% de toda la vida en la tierra se encuentra debajo de la superficie del océano. Los datos dejan en clara minoría a los seres vivos que habitamos la tierra firme.

Este hecho, sin embargo, entra en contradicción con una de las funciones principales de los océanos. Paradojas de la vida: Las personas contaminamos sus aguas mientras que ellos absorben aproximadamente el 25% del CO2 añadido a la atmósfera por las actividades humanas. El resultado es que los océanos reducen gran parte del impacto de este gas de efecto invernadero en el clima.

Los efectos de la contaminación

La contaminación procede de distintas acciones humanas. La escorrentía agrícola, la descarga de nutrientes y plaguicidas y las aguas residuales no tratadas, además de los plásticos suponen el 80% de la contaminación marina global. Todo ellos supone una amenaza grave para el estado actual de muchos ecosistemas que, en algunos casos, acaban desapareciendo.

La basura suele acumularse en parches flotantes en el mar. Los plásticos, uno de los grandes enemigos de la fauna, flotan en los océanos liberando contaminantes a medida que se descomponen. Se estima que 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros mares. Y acaban convirtiéndose en micro-partículas que los animales confunden con alimentos. Muchos peces y aves se ahogan por su causa, enferman o mueren enredados en ellos. Otros de los daños colaterales provocados por el hombre son el agotamiento de los recursos pesqueros y la pérdida de hábitats costeros.

La previsión es que en 2050, las cifras de contaminación se habrán multiplicado por cuatro. Lo que nos mueve a tomar conciencia del peligro que esto supone y de tomar medidas. Nuestra meta ha de ser cumplir el objetivo 14 de desarrollo sostenible de la ONU. Lo que implica conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos.